
El proceso de globalización, que
no es más que un proceso histórico de integración o internacionalización
económica que se ha visto acelerado y multiplicado por la revolución científico-tecnológica
y el consiguiente desarrollo de las fuerzas productivas, sobre todo en el
ámbito de las tecnologías de la información y las comunicaciones (tic), ha
tenido impactos en posiblemente todos los ámbitos de la sociedad y uno de ellos
es el de la educación.
El desarrollo de las tic ha
establecido la posibilidad de que la información viaje a cualquier punto del
planeta en tiempo real, de que el conocimiento científico y tecnológico se
comparta y socialice y de que se multipliquen las posibilidades de acceso a
todo tipo de fuentes de información y conocimiento.
El proceso de globalización tiene
en la educación impactos positivos y negativos. Por una parte, abre inmensas
posibilidades de acceso a la información, permite el aprovechamiento de
recursos a través de la educación no presencial o a distancia, de las
videoconferencias y las redes virtuales de conocimiento, permite el
enriquecimiento intelectual de alumnos y profesores a través de la movilidad
internacional, aprovechando las fortalezas de otras instituciones para el
mejoramiento de la formación académica en distintos centros, y posibilita la
colaboración entre instituciones y países sumando las fortalezas y recursos de
cada institución para lograr resultados que una sola institución quizás jamás
hubiera conseguido. Sin embargo, la globalización, como una etapa más en el
desarrollo del capitalismo, tiende a reproducir las contradicciones propias del
sistema, que se traducen en la concentración de la riqueza en pocos países e
individuos, una división internacional del trabajo que asigna roles
determinados a los países de la periferia complementarios a las economías del
centro, y en general, una división de la sociedad (tanto internacional como
nacional) en dominantes y dominados que genera un permanente conflicto de
clase.
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