
Trabajar por competencias nos obliga a revisar nuestras
propias competencias. Deberemos mejorar nuestros conocimientos, capacidades y
actitudes para lograr una mayor competencia en temas pedagógicos.
Por una
parte, respecto a la planificación, puede que cada universidad ofrezca sus
propios modelos para la elaboración de los planes docentes. A la vez, disponemos
ya de numerosos ejemplos que nos pueden ayudar a una planificación por
competencias. Sin embargo, más allá de los instrumentos para lograr esta
planificación se requiere un cambio cultural que supere la fragmentación
disciplinar y que permita una integración de saberes y una planificación
conjunta.
Por otra parte, respecto al cambio de metodologías, algunas
universidades poseen sus propias guías metodológicas que nos ayudan a conocer las posibilidades de las diversas
propuestas metodológicas. Sin embargo, más allá de conocerlas y de tener
destrezas para ponerlas en práctica, para ser realmente competentes en este
campo deberemos tener también una actitud proclive al aprendizaje activo por
parte del alumnado y asumir la transición de nuestro rol de instructores a
nuestro rol de facilitadores de aprendizajes. Trabajar por proyectos, con
simulaciones, casos, PBL (Aprendizaje Basado en Problemas), aprendizaje
cooperativo, introduciendo portafolios, wikis, blogs, prácticas de diversos
tipos, mini-congresos o simposios,… no es, en definitiva, nada nuevo. Se trata
no sólo de pensar qué conocimientos “conceptuales” aprehenden los alumnos con
estas actividades sino cómo los aprenden y de ensayar, en lo posible,
propuestas que tengan una dimensión colectiva (que no nos lleven a fragmentar
el aprendizaje a partir de un sumatorio de pequeñas tareas múltiples para cada
asignatura, cosa que desvirtuaría el sentido de una propuesta de aprendizaje
significativo y, a la vez, daría la sensación de parcelación y, posiblemente,
de desproporción, al alumnado.
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